viernes, 2 de mayo de 2008

¿Agnósticos, ateos, creyentes o seres humanos?

El debate sobre la existencia o no de un dios merece ser comentado desde un enfoque un tanto diferente, aunque mucho se ha tratado apelando a similares argumentos. De cualquier forma, busco abordar tan delicado tema desde cinco ejemplos relativamente sencillos que intentan hacer uso del sentido común basado en evidencias y dejando de lado lo máximo posible mi creencias.
Es posible asumir, por lo menos, una de estas dos posturas ante las cosas:

1.las cosas existen
2.las cosas no existen

Como resulta tan complicado probar la existencia –o inexistencia- de ciertas cosas, podemos ponerlas a prueba desde ciertos enfoques como “la reducción al absurdo”. Ahora, si la cosa que nos ocupa es incuestionable y absoluta, será poco útil buscar un absurdo que nos dé luces sobre el asunto porque ser "absoluto" lo involucra todo, incluyendo el absurdo mismo y es aquí donde quiero hacer hincapié.

Cinco aspectos a tener en cuenta antes de creer en la "verdad absoluta", cualquiera que sea.

Primero:
El absoluto
Supongamos que el dios que está en discusión lo es todo y entiéndase por “todo” incluso aquello que está fuera del alcance de nuestro entendimiento –ver más abajo-, entonces no habría sobre qué discutir porque la discusión en sí misma sería parte de ese absoluto, luego queda probada su existencia. Es una lástima que esta visión absolutista incluya eso que consideramos bueno y malo como es el asesinato, la violación, la tortura y el odio, entre muchísimos otros. Digo lástima porque en ese absoluto no cabe una contraparte como el anti-dios por una razón muy simple: admitir la existencia de ese anti-dios es admitir que una parte de ese dios es también su propia negación, luego ese absoluto comienza a perder su propia sustancia.

Segundo:
La lógica
Supongamos que ese dios lo es todo y todo lo puede por su propia condición de absoluto. Ahora se plantea la siguiente pregunta:

¿Podría él fabricar una piedra que él mismo NO puediera levantar?

Acá no interesa si quiere hacerlo o no, si le importa o no; lo que se pregunta es si tiene la capacidad de hacerlo o no. Aunque la respuesta parece obvia, se encontrarán con más preguntas: Si la hace, no podrá levantarla y eso contradice su condición de “todo poderoso” -absoluto-; si la levantase se deduciría que no le sería posible hacerla “imposible de levantar” y nuevamente se transgrede su naturaleza absoluta. Una paradoja que pareciera aclarar muchas cosas.
¿Qué aclara? Aclara que nuestra capacidad de entender, de existir ese dios, pareciera estar muy lejos de hacerse una idea de lo que es “el todo”. Es decir que incluso más allá de lo que podemos entender -como la metafísica, el alma, lo divino y lo que la ciencia no puede demostrar razonablemente- mediante un posible “Yo” superior al cuerpo y la mente –como lo que llaman alma-, ciertas cosas no pueden aceptarse como ciertas o falsas ya que nos es imposible identificarlas tal y como ocurre en la paradoja: hay algo en ese absoluto que, de existir, no podemos entenderlo por más que lo intentemos. Es cuando aparece la llamada “fe” que consiste en dar por cierto aquello que ignoramos completamente.

Tener “fe” y ser totalmente incrédulo resultan ser posiciones muy parecidas en tanto el que tiene “fe”, cree ciegamente en la “existencia de”, mientras el incrédulo está seguro de su inexistencia con la misma fuerza que el creyente. No obstante, de evidenciarse lo contrario para cada uno, quien cree, no podría seguir creyendo a menos que niegue la evidencia y de igual manera ocurriría con quien no cree.

El asunto no parece ser de existencia o de inexistencia sino de “convicción”

Tercero:
Los colores
Es posible que no podamos entender algunas cosas que usamos todo el tiempo pese a creer conocerlas. Entender al dios de turno podría ser una de ellas al tratarse de un ser por definición insondable; es decir: por más que se ahonde en él, pareciera imposible descifrarlo y eso no prueba su inexistencia pero tampoco es prueba concluyente de que exista. No obstante, existen elementos en nuestro universo objetivo que pueden ser percibidos, mas definirlos se convierte en un verdadero enigma. Aun así, existen y eso sugiere que nuestra capacidad de entendimiento está verdaderamente limitada. Parece que no todo lo comprensible es real y no todo lo real es comprensible.

Los colores parecen ser de las cosas más objetivas que existen ya que, en principio, no pueden definirse en otros términos que no sean los mismos colores. ¿Alguien puede definir el color rojo sin hablar de otros colores, o definir el marrón sin decir que es mezcla de rojo y negro o decir que el negro es la ausencia de color y que el blanco es la suma de todos los colores? No quiero decir que esas sean las definiciones de esos colores sino describir cómo puedo obtener los más parecidos a alguno de ellos mediante otros. La evidencia está a la mano y aun así no es categórica e inapelable: es circunstancial.
Entonces ¿la incapacidad de comprender las cosas es una prueba de su inexistencia? ó ¿Consideramos inexistente aquello que nunca se nos ha ocurrido o que consideramos impensable? Inpensable puede ser describir los colores pero eso no quiere decir que sea imposible y aun así existen. Ahora, puede que no exista un dios tal y como la gente lo define o entiende (hay tantos dioses) y, de hecho, es posible que no exista dios alguno. El hecho de creer en su existencia no constituye una prueba, así como creer que podamos definir los colores pruebe que realmente somos o seremos capaces de hacerlo en un futuro.

Cuarto:
El infinito
La mayoría de la gente cree que el tema de lo infinito es intocable, incomprensible e inconmensurable, como el dios que se tenga en la baraja; pero si se encontraran con que hay un infinito más “grande” que otro, ¿qué pensarían? ¿que hay un dios más poderoso que otro? ¿que hay una verdad más grande que la otra? ¿y si les dijera que pese a que un infinito es más “grande” que otro, el infinito “pequeño” no deja de ser infinito?
Como pueden notar, sin entrar en precisiones ni demostraciones, la presunta evidencia de elementos que pueden cambiar todo nuestro esquema mental sugiere que no podemos conocerlo todo mas sí es posible asumir una actitud abierta hacia aquello que ni podemos imaginar.
Respecto a esos “dos infinitos”, dejo estas claves para que cada cual, según sus intereses, investigue si lo que escribí más arriba es posible o no: el cardinal discreto “Aleph Cero” y el cardinal continuo “C”. Hay toneladas de investigaciones al respecto.

Quinto (y último)
Las “dimensiones”
Quiero adelantarme y advertir que no se trata de dimensiones metafísicas como “la dimensión desconocida” o “la dimensión de los muertos” ni nada de eso.
En una recta es posible medir su longitud [la distancia entre sus extremos]; en un rectángulo su longitud [distancia entre sus paralelas más cortas] y su “altura” [distancia entre sus paralelas más largas] ; en un cubo se puede medir su “largo”, “ancho” y “alto”. ¿Pero qué puede medirse en un punto? Parecieran existir cosas como la dimensión “1” o recta R^1 [R= conjunto de los números reales y “R^n”= el conjunto de los números reales elevado a la potencia “n”], la dimensión “2” o plano “R^2”; la dimensión “3” o espacio R^3 y la dimensión “cero” o punto R^0.

Supongamos que existe un universo donde trasegan como nosotros seres que viven en un plano tales como círculos, cuadrados, rectas, triángulos y bueno, todas las figuras planas que se les vengan a la cabeza. Ahora supongamos que esos seres tienen ojos y ven a sus demás congéneres. La pregunta es ¿qué verían ellos? ¿Círculos?, ¿cuadrados? ¿Triángulos? Parece que en esos extraños recodos del universo no conocen la existencia de las figuras que acabo de nombrar sino más bien sólo conocen a la recta y el punto. Si miro con un solo ojo y de perfil un círculo de madera, qué aparece ante mis ojos? Por lo menos desaparece el círculo y se asemejaría más a una recta. Igual pasaría con la figura plana que se nos ocurra. ¿Y si miro una recta de frente como quien mira una vara redonda? Parece no ser más una recta y se parece más a un punto. Pues precisamente en ese raro universo sólo pueden ver lo que el universo les puede mostrar y es la “longitud” de las cosas. Para percibir la “altura” necesitan “espacio” hacia “arriba”, es decir que un cuadrado no puede “levantar la cabeza” ya que sólo existe para él “adelante, atrás, a un lado y al otro” Es como tener muchas monedas de diferentes tamaños en un plato plano e imaginar que tienen ojos en sus bordes. Sólo podrán ver sus bordes y no existirá para ellas el “acuñado” o el número que representan en la economía respectiva. Ahora, ¿si levantamos una moneda que es observada por otra, qué percibe la observadora? Parece que nada porque, al no existir arriba ni abajo en su universo, perderá de vista la única porción que de ella que observaba. Ahora, si quien la levantó la introdujese verticalmente en el plano del que la sacó, como si flotaran en un líquido inmóvil, y precisamente en el punto donde la observaba la otra moneda, qué percibiría la observadora? Es muy posible que vea una línea recta que se agranda y se achica, esto es, la recta resultante de la intersección entre el plano de la moneda observadora y el plano de la propia moneda que se ha sacado: es como ver a través de una abertura larga y muy delgada que está en una puerta, las cosas que pasan del otro lado. [Recuérdese la intersección de dos planos no coplanares –es decir, no puede estar paralelo el uno respecto al otro- da como resultado una recta.] Podemos concluir, entre otras cosas, que las figuras planas que se “miran” no tienen ni asomo de sospecha que sean más que simples rectas o puntos y que, mientras permanezcan planas, jamás podrán percibir la “altura” del plano que las contiene..
¿Y todo esto para qué? Siempre se nos ha dicho que vivimos en la tercera dimensión y parece ser verdad porque todo lo que medimos se ajusta al modelo del espacio R^3 o “del cubo”. Así como quienes viven en el plano R^2 ignoran y les es imposible identificar si son círculos o triángulos, ¿puede ser que los que vivimos en R^3 ignoremos totalmente y nos sea imposible percibir nuestra “forma” en una hipotética cuarta dimensión ó R^4?

Como pueden observar, parece haber cosas que están fuera de nuestro alcance mas por eso no es imposible que existan y aquello que vemos puede no ser lo que “realmente es”. De igual forma hay cosas rotundamente evidentes que no podemos negar y otras tantas que sólo pueden concebirse luego de ser evidenciadas. Juzguen ustedes cuales son.

Exista o no exista un dios, parece que sí existimos nosotros dadas, por lo menos, las evidencias físicas, aunque no sea estrictamente tal y como nos observamos o percibimos. De todas maneras, gnósticos o agnósticos, creyentes o ateos, católicos o musulmanes, equivocados o acertados, existimos. ¿Obra de quién? Ante lo descrito arriba, es posible que estemos muy pero muy lejos de tener una vaga idea de lo enormes que podemos ser. Somos absolutamente ignorantes de lo que realmente somos como para regodearnos con la idea de tener la única verdad respecto a nuestro origen y mucho menos, la más leve noción del universo que nos contiene.

“La verdad absoluta no existe y esto es absolutamente cierto” –Les Luthiers

Nota:
Por favor reporte todo error ortográfico o de escritura que detecte.

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